martes, 1 de marzo de 2016

PARA 8°

EL OTRO
 TEMA PARA COPIAR EN EL CUADERNO

EL OTRO,  LA ALTERIDAD U OTREDAD
Lo primero que vamos a hacer es determinar el origen etimológico del término alteridad que ahora nos ocupa. En este sentido tenemos que establecer que procede del latín, concretamente de la palabra “alteritas”, que es fruto de la suma de dos componentes: “alter”, que puede traducirse como “otro”, y el sufijo “-dad”, que se usa para indicar “cualidad”.
Alteridad
Alteridad es la condición de ser otro. El vocablo alter refiere al “otro” desde la perspectiva del “yo”. El concepto de alteridad, por lo tanto, se utiliza en sentido filosófico para nombrar al descubrimiento de la concepción del mundo y de los intereses de un “otro”.
La alteridad hay que entenderla a partir de una división entre un “yo” y un “otro”, o entre un “nosotros” y un “ellos”. El “otro” tiene costumbres, tradiciones y representaciones diferentes a las del “yo”: por eso forma parte de “ellos” y no de “nosotros”. La alteridad implica ponerse en el lugar de ese “otro”, alternando la perspectiva propia con la ajena.
Es decir, la alteridad viene a ser una buena muestra de interés por comprenderse. De ahí que se encargue por fomentar tanto el diálogo como los acuerdos e incluso las vías de paz a cualquier posible conflicto.
Precisamente por todo lo que es y lo que significa, normalmente cuando se habla de alteridad también viene a la mente otro concepto, el de otredad. A veces se emplean como sinónimos, no obstante, este último tenemos que decir que es aquel término que se utiliza para expresar que cuando una persona está entablando una conversación con otra lo que hace es adueñarse de ella. ¿Cómo hace eso? Recurriendo a frases habituales como “si yo fuera tú lo que haría sería…”.
Precisamente por lo que significan, por los valores que expresan y transmiten tanto la alteridad como la otredad se usan en determinados ámbitos de estudio como, por ejemplo, la Historia o la Antropología. Y es que sirven para entender las posturas de unas partes u otras en cualquier acontecimiento o hecho.
Esto quiere decir que la alteridad representa una voluntad de entendimiento que fomenta el diálogo y propicia las relaciones pacíficas. Cuando un hombre y una mujer con distintas creencias religiosas quieren unirse en matrimonio es necesario que exista alteridad para comprender las diferencias que hay entre los dos. Por el contrario en caso de que ésta no exista, tener una relación armoniosa es muy difícil, ya que sus dos tipos de creencias se contraponen y no se da un punto para el entendimiento.
La alteridad también puede entenderse a un nivel más amplio. El encuentro entre dos países o dos pueblos implica poner diferentes formas de vida frente a frente. Si hay voluntad de alteridad, la integración podrá ser armónica, ya que cada pueblo respetará las creencias del otro. Ese diálogo, por otra parte, enriquecerá a ambos. En cambio, si no hay alteridad, el pueblo más fuerte dominará al otro e impondrá sus creencias. Eso ocurrió, por ejemplo, a partir de la llegada de los conquistadores europeos a América.

En el caso de la pareja presenciamos un caso de alteridad ética, en el caso de los países, de alteridad política. (HASTA AQUÍ EL TEMA PARA COPIAR EN EL CUADERNO) 

ACTIVIDAD
LEA EL SIGUIENTE TEXTO Y EN HOJAS SUELTAS SAQUE DIEZ IDEAS DEL MISMO Y REALICE  UN COMENTARIO PERSONAL EN DIEZ (10) RENGLONES. 

LECTURA DE REFLEXIÓN 
(SÓLO PARA LEER Y DESARROLLAR LA ACTIVIDAD)
APUNTES SOBRE EL CAPÍTULO 7 DE “ÉTICA PARA AMADOR” DE FERNANDO SAVATER
CAPITULO VII
PONTE EN SU LUGAR
En este capítulo, Savater nos explica le ética con un ejemplo muy peculiar, sobre la historia de Robinson Crusoe, personaje que vive solo en una isla y que al ya estar bien establecido en ella, encuentra que no está solo, hablando de que encontró pruebas para poder decir que hay otros humanos en la isla, lo cual le causa un problema, el cual está lleno de dudas sobre lo que tendrá que hacer. La ética no se ocupa de cómo alimentarse mejor o de cuál es la manera más recomendable de protegerse del frío ni de qué hay que hacer para vadear un río sin ahogarse, cuestiones todas ellas sin duda muy importantes para sobrevivir en determinadas circunstancias; lo que a la ética le interesa, lo que constituye su especialidad, es cómo vivir bien la vida humana, la vida que transcurre entre humanos. Si uno no sabe cómo arreglárselas para sobrevivir en los peligros naturales, pierde la vida, lo cual sin duda es un fastidio grande; pero si uno no tiene ni idea de ética, lo que pierde o malgasta es lo humano de su vida y eso no tiene ninguna gracia. Se debe tratar a las demás personas, como queremos que nos traten a nosotros, es lo que le interesa a la ética. (Savater, 1996, 85).
Al levantarte hoy, piensa que a lo largo del día te encontraras con algún mentiroso, con algún ladrón, con algún adultero, o con algún asesino. Y recuerda que has de tratarles como a hombres, porque son tan humanos como tú y por tanto te resultan tan imprescindibles como la mandíbula inferior lo es para la superior. Hay que tener claro que a los hombres que no consideramos buenos los debemos mantener a distancia, pero también debemos tener en cuenta que son humanos y aunque nosotros los consideremos malos, pueden darnos humanidad. Es lo que nos trata de explicar Savater en este capítulo. (Savater, 1996, 87). Es muy cierto que a los hombres debo tratarlos con cuidado, por si acaso. Pero ese «cuidado» no puede consistir ante todo en recelo o malicia, sino en el miramiento que se tiene al manejar las cosas frágiles, las cosas más frágiles de todas... porque no son simples cosas. Si hacemos el mal a los demás nos lo hacemos también a nosotros mismos porque ese mal nos va a ser devuelto, tarde o temprano. Antes de hacer algo a alguien debemos ponernos en su lugar y ver cómo nos afectaría, a eso se le llama humanidad (Savater, 1996, 88).
Los malos, es decir los que tratan a los demás humanos como a enemigos en lugar de procurar su amistad. Como en la película Frankenstein, donde se dice que "Soy malo porque soy desgraciado" En este otro ejemplo establece que el ser malo no es un factor de estar viviendo una buena vida ya que la persona que es mala a su vez es desgraciada, esto por diferentes motivos, desde luego si vamos dando enemistad no vamos a recibir amistad y lo mejor es ser bueno que unirse con los malos (Savater, 1996, 90).
¿En qué consiste tratar a las personas como a personas, es decir, humanamente? Respuesta: consiste en que intentes ponerte en su lugar. Reconocer a alguien como semejante implica sobre todo la posibilidad de comprenderle desde dentro, de adoptar por un momento su propio punto de vista. A fin de cuentas, siempre que hablamos con alguien lo que hacemos es establecer un terreno en el que quien ahora es «yo» sabe que se convertirá en «tú» y viceversa. Al tener que seguir tratando a estas personas como humanos, tenemos que ponernos en su lugar, pienso yo que esto es para poder comprender por qué esta clase de personas actúan así, viendo que también tienen sus intereses, objetivos y el que tienen que tomar decisiones a partir de lo anterior, como para establecer que es lo que la demás gente debe de esperar de esta clase de personas (Savater, 1996, 92). Ponerse en el lugar de otro es algo más que el comienzo de toda comunicación simbólica con él: se trata de tomar en cuenta sus derechos. Y cuando los derechos faltan, hay que comprender sus razones. A que alguien intente ponerse en su lugar y comprender lo que hace y lo que siente. Aunque sea para condenarle en nombre de leyes que toda sociedad debe admitir. En una palabra, ponerte en el lugar de otro es tomarle en serio, considerarle tan plenamente real como a ti mismo. Es lo que ocurrió con el ciudadano Kane o Gloucester, que se tomaron la vida tan enserio que actuaron como si los demás no fuesen de verdad (Savater, 1996, 93). Interés viene del latín inter ese, lo que esta entre varios, lo que pone en relación a varios, ósea que nuestro interés no es el nuestro exclusivamente, sino de otras personas, que consideramos nosotros algo bueno. (Savater, 1996, 94). La vida es demasiado compleja y sutil, las personas somos demasiado distintas, las situaciones son demasiado variadas, a menudo demasiado íntimas, como para que todo quepa en los libros de jurisprudencia. Lo mismo que nadie puede ser libre en tu lugar, también es cierto que nadie puede ser justo por ti si tú no te das cuenta de que debes serlo para vivir bien. Debemos saber qué es lo que las demás personas quieren, para saber dárselo, y recibir un poco de esa cosa que dimos. (Savater, 1996, 96).


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